Para la tranquilidad de la presidenta Vilma Rousseff, de millones de sus compatriotas y de la FIFA, la selección brasileña de fútbol debutó con éxito en la Copa del Mundo, que alberga por segunda vez en su historia.
No había empezado bien la primera jornada mundialista, con huelgas, protestas y choques con la policía que luego pasaron quizás a un segundo plano para muchos por la breve fiesta de inauguración y el primer partido con el que los anfitriones se pusieron al frente del Grupo A tras vencer injustamente a Croacia por 3-1.
Neymar apenas se torció un tobillo en el calentamiento y a varios se les detuvo la respiración. Para colmo, a Marcelo se le ocurrió tratar de cortar un centro enviado desde la punta derecha y metió la pata, tomó por sorpresa a su arquero Julio Cesar y en 10 minutos Brasil ya estaba en desventaja.
Antes del descanso, Neymar vio un rincón para intentar desde media distancia y calmó un poco el ambiente con un empate parcial, pero en el segundo tiempo el árbitro japonés Nishimura cambió por completo el curso del partido con una decisión tan mala como equivocada.
Nishimura, quien hasta ese momento había cumplido una buena actuación, cayó en el engaño del delantero Fred, que simuló una falta dentro del área rival de espaldas al arco. No sólo no fue penal sino que el nipón tendría que haber amonestado a Fred en lugar del croata Lovren.
Quedan dos conclusiones de esa jugada. Una, que Nishimura no vuelva a conducir un partido importante de este torneo. La otra, que la FIFA de una vez por todas adopte un sistema de video para consultar con un cuarto árbitro y no crear más injusticias, tal como lo han hecho con éxito otros deportes.
Neymar facturó y puso en ventaja a Brasil. Croacia tuvo coraje, se adelantó como no lo había hecho en todo el partido y salió a buscar el empate, pero Julio Cesar salvó a los locales en tiempo de descuento y en el contragolpe Oscar, para mí el mejor de la cancha, liquidó el pleito.
“Estoy muy contento, qué más podía pedir que empezar con un triunfo y anotando dos goles”, dijo Neymar, quien con apenas 22 años carga con la gran responsabilidad de guiar a su equipo hacia un sexto título sin precedentes y de enterrar de una vez por todas el fantasma del Maracanazo de 1950 en este país.
Vilma, que en las jornadas previas no asistió al Congreso de la FIFA y que evitó el discurso público tomando nota de lo que ocurrió hace un año cuando fue repudiada en la Copa Confederaciones, gritó, saltó y festejó, como millones de brasileños, los que apoyan y los que se oponen en parte a este Mundial.
El tema es que en Brasil sigue creciendo la frustración de la gente por el Mundial. Los enormes gastos para preparar las ciudades sedes con algunos estadios con destino inexorable de elefantes blancos, mientras falta dinero e inversión en las escuelas y hospitales públicos, colmaron la paciencia de casi la mitad de la población. Detrás de la música alegre del samba y el fútbol, también hay otras necesidades.
El que también brilló por su ausencia en las presentaciones fue el propio presidente de la FIFA, Joseph Blatter, también repudiado hace un año. El dirigente suizo va en busca de una reelección y ya ligó varios, y justos, golpes en la antesala del torneo, incluyendo el retiro del apoyo europeo y del ex astro francés Michel Platini.
El éxito de Brasil es algo crucial para que en definitiva el torneo sea un éxito y las protestas y manifestaciones no pasen al primer plano por encima del juego. Bien lo saben Neymar, Fred, Marcelo, Nishimura, Blatter, Vilma, Platini y varios más. Por algo al fútbol le dicen el opio de los pueblos. Por si no quedó claro, arrancó la Copa del Mundo.

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