20 mayo 2014

Un Limosnero al revés" ofrece dinero y trabajo

Uno los ve en las calles, en las esquinas, en los parques, bajo los puentes de las autopistas. Con un cartel escrito en un trozo de cartón explican sus difíciles circunstancias, piden una contribución económica y dan gracias de antemano. Ser indigente y vivir de la limosna son situaciones duras y que nadie desea tener que enfrentar.

Pero para un empresario de Yakima, Washington, pedir ayuda en las calles resultó una solución útil y, además, una forma de ayudar al prójimo.

Lance Forsee, según el relato de la televisora local KIMA, opera un negocio de servicios de cuidado de jardines y paisajes urbanos, y una vez pasados los fríos y llegada la primavera tiene frente a sí los meses más activos y redituables para su empresa, llamada Colonial Lawn and Garden. Ante el crecimiento de su actividad tiene cinco vacantes de empleo, pero no ha podido cubrirlas y se encuentra preocupado porque no podrá atender a todos los clientes que lo buscan para atender sus jardines, sus espacios arbolados en casas, oficinas o espacios públicos.

Entonces decidió hacer algo diferente. Se hizo de un gran pedazo de cartón y en él escribió sus necesidades, justo como el indigente que pide ayuda y cuenta que es un veterano en problemas, un hombre sin empleo o afectado por el embargo hipotecario, o una persona con problemas de salud que le impiden trabajar. Forsee escribió: “Dueño de negocio desesperado dará dinero y prestaciones a trabajadores notables. Cada empleado es una ayuda. Dios los bendiga”. Además, indica que los interesados pueden presentar su solicitud de empleo en su negocio.

Así, armado con ese cartel Forsee se colocó en una esquina en Yakima y pidió su limosna… de trabajadores.

Y no le ha ido nada mal: ha recibido muchas solicitudes y ya ha contratado al menos a una persona. Pero su idea es seguir en las calles hasta cubrir todas sus vacantes. Al parecer, comenta la televisora KIMA, a Foresee le agrada más esa táctica que los anuncios clasificados en internet o en un periódico u otras formas de reclutamiento de trabajadores.



Y aunque algunos conductores que pasan por allí lo traten de modo poco amable, justo lo que día a día padecen los indigentes que piden una limosna, para Forsee la experiencia habría sido aleccionadora. Ver las cosas desde su perspectiva, en la calle portando un cartel en el que pide ayuda, le ha dado –presumiblemente- una nueva visión del mundo.

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